Desde mi punto de vista, la
educación debe tener como propósito la formación integral de la persona, es
decir, debe aspirar al desarrollo pleno de la personalidad.
Esta formación comienza desde
la niñez y comprende diferentes aspectos que, pueden realizarse tanto dentro
como fuera de la escuela. Debe contribuir al crecimiento intelectual, moral y
físico del niño y del adolescente.
Por un lado, la educación
estaría relacionada con la preparación académica, recibida por un niño, desde
que comienza su escolaridad y destinada a acrecentar los conocimientos
intelectuales o culturales. En esta etapa el papel del maestro es fundamental:
acompaña y guía al niño en su aprendizaje. El niño aprende a leer, a escribir,
a contar, a ser creativo, en los primeros años de escuela.
El maestro es una figura de
referencia, no sólo en la infancia sino también en la adolescencia, que
proporciona al alumno los instrumentos necesarios para conseguir, además de
conocimientos, más seguridad en sí mismo y una progresiva autonomía. La labor
docente debe tener como finalidad potenciar las habilidades a nivel cognitivo,
afectivo, personal y social para conseguir la madurez del alumno.
Actualmente, junto a los
métodos tradicionales, las nuevas tecnologías apoyan el trabajo educativo. La
información que a través de ellas se obtiene es variada y atractiva por su
novedad para los alumnos. Sin embargo para que sea eficaz ha de ser utilizada
en su justa medida y adaptada a la edad y madurez del niño
Por otro lado, la educación
también supone el entendimiento de las normas y costumbres que rigen la
sociedad y que permiten la convivencia. Éste es un aspecto de la educación que
ya debe haber empezado antes de que el niño comience el período escolar. Los
padres, sobre todo, o cualquier otro adulto que forme parte del mundo de un
niño, de manera habitual, deben inculcar a este niño, desde muy pequeño, unos
hábitos de comportamiento que le permitan una mejor adaptación a la nueva vida
escolar. A partir de este momento la colaboración entre los padres y el maestro
para continuar con la educación del niño, debe primar sobre cualquier otro
interés. Ambas partes deberían seguir unos criterios comunes que no
confundieran al alumno, que favorezcan su integración dentro del grupo escolar
y como meta final en la sociedad.
También desde el colegio y
desde las familias se debe fomentar el espíritu crítico, el trabajo en equipo y
la capacidad para resolver las dificultades que le surjan en su entorno de
trabajo.
Tampoco se debe olvidar otro
aspecto importante de la educación, relacionado con el desarrollo físico del
niño. “Mens sana in corpore sano”,
era una máxima muy tenida en cuenta ya por los clásicos. El ejercicio físico
además de estar en relación directa con la salud, ayuda a fomentar la
colaboración entre compañeros, aporta mayor agilidad física y mental, y otros
aspectos importantes para el desarrollo de la persona.
Los niños que hoy reciben
educación serán los adultos de mañana. Por ello hay que cuidar con esmero su
formación.
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